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Remate en el Congreso: Entre el festejo por el Mercosur-UE y el desguace de la Ley de Glaciares

En una jornada de contrastes violentos, el Senado ratificó el acuerdo comercial con Europa mientras avanzaba en una reforma que deja desprotegidas las reservas de agua dulce. Afuera, la respuesta oficial fue represión y detenciones.

El Congreso de la Nación amaneció hoy blindado, un presagio de la tensión que se viviría puertas adentro. Mientras en los despachos oficiales se brindaba por la aprobación del acuerdo comercial con la Unión Europea —presentado como la llave al «primer mundo» exportador—, en el recinto se gestaba lo que organizaciones ambientales califican como un «ecocidio administrativo»: la entrega de los glaciares.

La sesión comenzó con una victoria contundente para el oficialismo: 69 votos a favor de la integración con Europa. Sin embargo, la alegría duró poco. El verdadero nudo de la jornada llegó con el tratamiento de la reforma a la Ley 26.639 de Glaciares, una norma que fue vanguardia mundial y que hoy el Gobierno busca desguazar en nombre de la inversión minera.

La crítica no es caprichosa; nace de la letra chica que el Ejecutivo intenta imponer bajo el disfraz de «actualización técnica»:

  • Protección «selectiva»: El nuevo texto propone proteger solo los cuerpos de hielo que tengan una «función hídrica relevante y comprobable». En términos criollos: si no se puede demostrar hoy que ese glaciar alimenta un río específico, queda liberado para que una minera lo dinamite.
  • El ataque al ambiente periglaciar: La reforma redefine las áreas protegidas para permitir actividad extractiva en zonas donde el suelo congelado es clave para el ecosistema, pero que ahora serían consideradas «áreas de sacrificio».
  • Federalismo de conveniencia: Se otorga a las provincias el poder de decidir qué entra en el inventario, eliminando el control nacional y dejando la puerta abierta a presiones de grandes corporaciones sobre gobiernos locales necesitados de caja.

Afuera, la respuesta fue el gas pimienta y las detenciones. Activistas de Greenpeace y ciudadanos autoconvocados fueron reprimidos mientras intentaban advertir que «el agua vale más que el oro». Adentro, el oficialismo apuraba el trámite ignorando las advertencias científicas que señalan que, en un contexto de cambio climático, tocar los glaciares es sentenciar el suministro de agua del futuro.

«No están legislando para el desarrollo, están legislando para las multinacionales. Están cambiando agua por dólares de corto plazo», denunció uno de los pocos senadores que votó en contra de la reforma.

La jornada de este jueves 26 de febrero quedará en la historia como el día en que Argentina decidió abrir sus fronteras al comercio internacional con una mano, mientras que con la otra entregaba el escudo que protege sus cordilleras. La pregunta que queda flotando en el aire del Senado es: ¿De qué servirá exportar más si nos quedamos sin agua para vivir?

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