Por segundo año consecutivo, Argentina empeora su calificación en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional. El país cayó al puesto 104, evidenciando una degradación institucional que golpea con más fuerza a los sectores más vulnerables.
Argentina no logra frenar su deterioro institucional. Según el último informe anual de Transparencia Internacional, el país descendió cinco lugares en el ranking mundial, pasando del puesto 99 que ocupaba en 2024 al 104 en el listado de 2025. Esta tendencia negativa marca el segundo año consecutivo de caída, alejando al país de los estándares de transparencia necesarios para el desarrollo y la llegada de inversiones.
Lo más alarmante del informe no es solo el descenso numérico, sino el impacto social de las maniobras corruptas. La organización puso el foco en un área sensible: la gestión de fondos para salud. Se advirtió explícitamente que las investigaciones sobre presunta corrupción en el manejo de medicamentos para personas con discapacidad exponen un riesgo inaceptable para los grupos vulnerables.
Cuando los recursos destinados a la asistencia social y la salud se desvían o se gestionan con opacidad, el resultado es directo: personas que se quedan sin tratamiento y un Estado que falla en su misión más básica.
Este nuevo retroceso coloca a la Argentina en una posición de debilidad frente a la comunidad internacional. La caída sostenida en el Índice de Percepción de la Corrupción refleja que las medidas tomadas hasta el momento han sido insuficientes o ineficaces para combatir las estructuras de poder que facilitan el desvío de fondos públicos. Mientras el debate político se centra en las cifras macroeconómicas, la corrupción sigue operando como un impuesto invisible que drena el presupuesto nacional a costa del bienestar de la ciudadanía.

