En una jornada que dejó al descubierto la crudeza de la situación social en San Luis, la iglesia del barrio Rawson se convirtió en el único auxilio para los más vulnerables. Mientras las respuestas oficiales no llegan, un grupo de voluntarios organizó una entrega de comida y una campaña de vacunación antigripal destinada a personas en situación de calle y familias que hoy no tienen garantizado el plato de comida diario.
La realidad en los márgenes de la ciudad golpea con fuerza: ante la falta de políticas de contención, hay personas que se ven obligadas a dormir dentro de las alcantarillas para intentar refugiarse de las bajas temperaturas. «Yo les llevé café cuando hacía frío de noche allá abajo de la alcantarilla», relató un vecino que, movilizado por la desidia, decidió acercarse a ayudar a quienes pasan las noches bajo el cemento.
Esta dura postal del barrio Rawson refleja una crisis que avanza sin freno y un Estado que parece mirar hacia otro lado. Mientras la pobreza se profundiza, es la red de vecinos y voluntarios la que sostiene a los ciudadanos que han quedado fuera del sistema, sobreviviendo en condiciones inhumanas en una provincia donde el frío y el hambre no esperan.
