Indignación total en Villa de la Quebrada por la falta de gestión y el abandono a los fieles. Lo que debería haber sido un cierre de fe y celebración se convirtió en una pesadilla de inseguridad y desorden para miles de personas que intentaban regresar a sus hogares. Al llegar a la terminal, los visitantes se toparon con la peor cara del servicio público: un escenario de oscuridad absoluta donde la única guía eran las linternas de la policía. Es inadmisible que en una de las festividades más grandes del país se exponga a las familias a semejante nivel de peligro bajo un sistema de transporte que demostró ser totalmente ineficiente y deficiente. La falta de previsión quedó al descubierto en plena noche, dejando a miles de personas varadas en condiciones de vulnerabilidad extrema. No se trata solo de una demora, es una falta de respeto y un riesgo real a la integridad de quienes año tras año mantienen viva esta tradición.
