Mientras desde el Ejecutivo bajaban la línea para que ningún funcionario libertario se mostrara en el Mundial debido a los privilegios, la propia tropa hizo lo contrario. Bartolomé Abdala, presidente provisional del Senado, quedó varado en Fort Lauderdale, intentó conseguir un vuelo privado a través del consulado argentino y terminó manejando 870 kilómetros hasta Nueva York para no perderse la final. Días antes, el viceministro de Justicia había protagonizado una situación similar desobedeciendo el mismo compromiso. Todo esto implicó un costo de decenas de miles de dólares, un monto que supera ampliamente el sueldo de un funcionario público, evidenciando privilegios para pocos.
