La Universidad Nacional de San Luis atraviesa un momento crítico tras el acuerdo entre el rector Raúl Gil y el intendente Jorge Gastón Hissa para intervenir en una plaza municipal, desatando el rechazo de una comunidad académica que exige fondos para salarios e infraestructura.
Este presente expone la falta de escuela política del actual mandato: Gil llegó a la cima impulsado por el exrector Víctor Moriñigo, quien lo sentó en el sillón pero no le enseñó a gestionar, heredando una conducción sin estrategia que vive atrapada en anuncios apresurados y teléfonos descompuestos.
Tras el malestar interno, el Rectorado debió activar un operativo de control de daños con aclaraciones radiales que evidencian un modus operandi basado en la improvisación y la búsqueda de la foto política. Mientras las autoridades apagan incendios discursivos, las facultades sufren una alarmante falta de controles patrimoniales y pérdida de insumos, demostrando que la UNSL no se sostiene con parches sino con un liderazgo firme que ordene las prioridades internas.
