Durante 16 años, cada mañana, la postal se repetía en el barrio 156 Viviendas. Valentín, con 63 años en ese entonces, decidió tomar bajo su ala un espacio verde que nadie le había pedido cuidar. Lo hizo suyo, lo forestó, lo barrió y lo convirtió en el corazón del vecindario.
Detrás de esa inmensa entrega cotidiana había una historia de amor y resiliencia. Cuando partió su esposa —su compañera durante 52 años—, el vacío parecía imposible de llenar, pero fue esa placita la que le devolvió un motivo para levantarse cada día y seguir adelante.
Aquel rincón que cuidaba al lado de su inseparable Falcon azul hoy enfrenta un destino doloroso: el espacio será demolido. Quedarán atrás los árboles regados con paciencia, las horas de dedicación silenciosa y el refugio que un hombre construyó para sanar su propia ausencia mientras le regalaba vida a todo un barrio.
