Un brutal y desgarrador hecho de inseguridad conmociona a los vecinos de San Luis capital, dejando en evidencia el desamparo y la violencia con la que deben convivir los trabajadores de la calle de manera cotidiana. El violento episodio ocurrió durante la madrugada del pasado martes 12 de mayo, alrededor de la 1:20, cuando Héctor, un taxista de la ciudad, levantó a dos pasajeros en inmediaciones de la Plaza Pringles con destino final a la zona del Barrio 544. El viaje transcurría con aparente normalidad hasta que el vehículo se adentró por un sector de calles oscuras y rodeado de descampados, momento exacto en el que los delincuentes ejecutaron una feroz emboscada desde el asiento trasero. Sin mediar palabra, atacaron salvajemente al conductor tomándolo del cuello para inmovilizarlo y comenzaron a propinarle golpes de puño desmedidos en el rostro para exigirle sus pertenencias. Tras el salvaje asalto, los malvivientes se dieron a la fuga rápidamente con la recaudación de la jornada de trabajo, el documento de identidad y el carnet de conducir de la víctima.
Malherido y ensangrentado en el interior de su auto, Héctor logró salir a pedir ayuda desesperadamente en la vía pública, donde fue divisado y socorrido por un chofer de Uber que se encontraba circulando por la zona. Este colega de plataforma no dudó en asistir al trabajador, brindándole las primeras atenciones y permaneciendo firme a su lado para contenerlo hasta la llegada de los efectivos policiales y de la ambulancia del Sempro. A una semana del dramático ataque que casi le cuesta la vida, la realidad de Héctor sigue siendo tan alarmante como conmovedora, ya que debido a las graves lesiones sufridas en su cabeza tuvo que pasar dos días internado en observación y actualmente se encuentra a la espera de una compleja cirugía reconstructiva en el hueso frontal del ojo y en el maxilar. A pesar del dolor físico y del trauma psicológico que acarrea, la dura realidad socioeconómica lo obliga a seguir subiéndose al taxi a trabajar diariamente sin descanso, porque de lo contrario no tiene los ingresos mínimos para poder comer ni para pagar el alquiler de su hogar. Mientras tanto, en un contexto que genera profunda indignación en toda la comunidad puntana, los delincuentes que lo agredieron salvajemente continúan libres por las calles.
