La desidia se hace visible en cada rincón de San Francisco del Monte de Oro, donde las calles han dejado de ser vías de circulación para convertirse en verdaderos lodazales intransitables. La imagen de las arterias completamente destrozadas por el agua no es solo una consecuencia climática, sino el reflejo de una profunda falta de mantenimiento y obra pública básica que afecta la vida cotidiana de las familias puntanas. Mientras la comitiva oficial avanza en sus recorridas institucionales, la realidad en los barrios se impone con una crudeza que no admite filtros.
Los reclamos de los vecinos se multiplican ante lo que consideran una inacción sistemática del gobierno provincial. La falta de inversión en infraestructura vial está dejando a regiones enteras prácticamente aisladas, dificultando el acceso de servicios esenciales, el transporte y el desarrollo de la actividad local. Para los habitantes de la zona, el estado de las calles es el símbolo involuntario de una crisis de gestión que golpea con fuerza al interior, donde las soluciones parecen no llegar nunca.
Esta situación de desinversión genera una indignación creciente en la comunidad, que ve cómo el paso del tiempo y las inclemencias del tiempo profundizan el deterioro ante la mirada indiferente de las autoridades. El pedido es urgente y unánime: obras reales y presencia efectiva del Estado para garantizar condiciones dignas de transitabilidad, en un pueblo que se siente olvidado y postergado por las políticas actuales.
