La apertura de sesiones legislativas dejó un sabor amargo y mucha bronca. En un discurso cargado de promesas a futuro, el Gobernador no realizó ni un solo anuncio de aumento salarial que lleve alivio a los hogares puntanos. Mientras tanto, la realidad afuera del recinto es asfixiante: la inflación en San Luis fue del 3,4% en febrero, superando la media nacional y castigando con más fuerza en alimentos y servicios.
El dato es escalofriante: el 56% de los puntanos se endeuda simplemente para comer o pagar la luz. Ya no se trata de comprar electrodomésticos, sino de una «deuda de subsistencia». Con sueldos que no llegan al día 20 del mes, las familias dependen del crédito o del «préstamo amigo» para sobrevivir.
La brecha con el costo de vida es una burla:
- Para no ser pobre: Una familia necesitó casi $1.400.000 (CBT).
- Plan de Inclusión: Con ingresos de $480.000, están estancados en la indigencia. No cubren ni la Canasta Básica Alimentaria, valuada en más de $644.000.
- Empleados Estatales: El último aumento del 10% (en cuotas del 5%) quedó pulverizado frente a una inflación que no da tregua.
