El Gobierno provincial continúa su recorrida por el interior bajo el pomposo eslogan del «Año de la Educación», pero lo que en los despachos oficiales se vende como gestión, en las escuelas se percibe como una puesta en escena vacía. El malestar docente ha cristalizado en una consigna que desarma el relato oficial: la verdadera inclusión no está en las fotos, sino en el poder adquisitivo de quienes sostienen el aula.
Mientras la comitiva oficial despliega recursos en actos y «fotos de familia», el sector educativo denuncia que el ajuste ha calado hondo en sus ingresos. La crítica apunta a un gobierno que prioriza el impacto visual de una gira por sobre la urgencia de una recomposición salarial seria.
- El show de la foto: En cada parada de la gira, la prioridad parece ser el despliegue escénico para las redes sociales, relegando la discusión sobre las condiciones de vida de los trabajadores.
- Inclusión de cartón: Los docentes sostienen que hablar de «inclusión» es una falta de respeto cuando el salario no alcanza para cubrir la Canasta Básica en una provincia donde los costos de servicios y alimentos no dan tregua.
- El reclamo que no sale en la pauta: Frente al despliegue publicitario, surge el grito de las bases: «La inclusión empieza en el recibo de sueldo». Es el recordatorio de que no hay calidad educativa posible con salarios que empobrecen a los profesionales.
El contraste es total. Por un lado, una gestión que utiliza el término «educación» como bandera de propaganda; por el otro, una comunidad educativa que ve cómo sus ingresos se licúan frente a la inflación mientras se les exige ser parte de un decorado político.
«No queremos ser el fondo de una foto oficial; queremos que nuestra labor se respete con un sueldo digno. Eso es inclusión real», manifiestan desde los sectores más críticos.
