Mientras el Gobernador promociona la «revolución del conocimiento» y la IA, los salarios docentes en San Luis caen por debajo de la línea de pobreza. «No hay inclusión con maestros agotados», advierten desde el sector.
Bajo el eslogan «La inclusión empieza en el recibo de sueldo», diversos sectores de la comunidad educativa han salido a cruzar el relato oficial del gobierno de Claudio Javier Poggi. La tensión crece a medida que el Ejecutivo provincial intenta posicionar una agenda de «modernización» y «acceso al conocimiento», mientras el poder adquisitivo de quienes deben sostener ese sistema se desploma.
Para el oficialismo, la verdadera inclusión social pasa por la educación y la tecnología. Sin embargo, desde las aulas la visión es drásticamente opuesta. La crítica es contundente: no se puede hablar de inteligencia artificial o diplomaturas cuando miles de docentes se ven obligados a trabajar dos o tres turnos para alcanzar la canasta básica.
«Hablar de modernización suena atractivo, pero sin sueldos dignos no hay condiciones reales para enseñar ni para aprender. La educación hoy se sostiene por pura vocación, no por reconocimiento real del Estado», señalan referentes del sector.
Los puntos críticos de la crisis educativa:
- Salarios de supervivencia: La docencia advierte que la inclusión no se logra con discursos, sino con ingresos que permitan vivir con dignidad.
- Agotamiento sistémico: Escuelas que funcionan con recursos mínimos y docentes sobreexigidos que deben «parchar» la crisis diaria.
- Maquillaje publicitario: Denuncian que los anuncios de «vanguardia educativa» son solo una fachada para ocultar el deterioro del sistema público.
La indignación docente se potencia al comparar la austeridad exigida a los trabajadores con otros movimientos del Ejecutivo. Mientras el gobernador afirma que la inclusión es la meta, la realidad muestra:
- Docentes bajo la línea de pobreza.
- Alumnos en situaciones de vulnerabilidad creciente.
- Inversión real estancada en infraestructura y salarios.
La conclusión de los trabajadores es clara: la inclusión social no es solo acceso a la información; es inversión real y dejar de maquillar la crisis con anuncios de colores.
