Contenedores destruidos, recolección paralizada y proliferación de plagas: la Municipalidad de San Luis no logra normalizar un servicio básico. Los vecinos denuncian que hay zonas con semanas de abandono total.
Lo que debería ser una prestación básica de Alumbrado, Barrido y Limpieza (ABL) se ha transformado en un drama sanitario para los habitantes de la ciudad de San Luis. A dos años del inicio de la actual gestión municipal, la problemática de la basura lejos de solucionarse, se ha agravado, normalizando un paisaje de mugre, contenedores colapsados y riesgos de salud latentes.
Un recorrido por distintos puntos de la ciudad confirma que el problema es sistémico. En el Pasaje Avellaneda (entre Ayacucho y 9 de Julio), los vecinos denuncian dos semanas de demora en el paso de los camiones de carga lateral. «Para esto pagamos los impuestos», reclaman con indignación frente a montañas de residuos que ya bloquean la vereda.
La situación se repite con alarmante frecuencia en:
- Zona Centro: Calles Buenos Aires, San Martín y las inmediaciones de la Avenida Perón.
- Áreas Escolares: Lafinur, cerca de la Escuela Misiones, donde los niños conviven con el foco infeccioso.
- Cuadrante Crítico: El sector entre Lafinur, Juan Gilberto Funes, España y Perón presenta focos de descomposición orgánica, especialmente en calles Falucho y Mitre.
El estado del equipamiento municipal es, quizás, la prueba más clara del abandono de gestión. Prácticamente la totalidad de los contenedores presentan:
- Deterioro estructural: Abolladuras profundas que impiden el cierre hermético.
- Tapas y palancas rotas: Obligan al vecino a manipular directamente unidades sucias para arrojar la basura.
- Falta total de higiene: No existen cuadrillas de desinfección. Los lixiviados (líquidos de basura descompuesta) quedan en el asfalto, convirtiéndose en el caldo de cultivo ideal para moscas, cucarachas y ratas.
La Municipalidad de San Luis parece haber resignado el control del espacio público. En los barrios más alejados, la falta de recolección sistemática ha convertido bulevares y terrenos baldíos en mini basurales a cielo abierto.
Aunque el rol ciudadano es clave para el orden, la responsabilidad primaria de mantener la salubridad recae en el Ejecutivo Municipal. A 24 meses de haber asumido, la excusa del tiempo se agotó: la proliferación de alimañas y el olor nauseabundo en las calles son la cara visible de una gestión que, en materia de servicios públicos, sigue en deuda con el vecino puntano.

