Las luces se encienden, el escenario está listo y las cámaras enfocan. Todo parece anunciar algo grande.
La puesta en escena recuerda a los grandes lanzamientos del mundo: prolija, cuidada, casi épica. La expectativa crece entre los presentes y quienes siguen la transmisión. Se percibe un clima de anuncio histórico, respaldado por un despliegue técnico y logístico de primer nivel.
Después llega el momento clave: la entrega. Sin música, sin brillo, sin aplausos. Solo una bicicleta en el centro de la sala.
No es una crítica, es una imagen. Un registro visual que pone en evidencia la distancia entre el marketing político y la gestión cotidiana. Mientras el marco sugería una Ferrari o una obra de infraestructura transformadora, la realidad devolvió la figura de una bicicleta solitaria bajo los focos.
A veces el contraste habla más fuerte que cualquier discurso. La imagen del funcionario caminando hacia el objeto, rodeado de un vacío que la iluminación no pudo llenar, resume el sentimiento de muchos ciudadanos ante el uso de los recursos públicos para eventos de este tipo.
