Mientras la gestión municipal de Gastón Hissa se enfoca en eventos mediáticos, la realidad en las márgenes de la ciudad de San Luis cuenta una historia de abandono y peligro sanitario. La colectora de la Ruta Nacional 147 se ha transformado en un vertedero ilegal donde la acumulación de residuos, animales muertos y restos de ilícitos crece día a día sin control alguno.
Un recorrido por la zona permite observar kilómetros de desidia estatal. Entre los pastizales altos y la falta de iluminación, se multiplican las bolsas de residuos domiciliarios y restos de poda que obstruyen el paso. Lo más alarmante es el hallazgo de cadáveres de animales en avanzado estado de descomposición, lo que genera olores nauseabundos y un riesgo inminente para la salud pública de los vecinos que transitan por el lugar.
Además de la basura común, el sector se ha convertido en un «cementerio» de objetos robados. Es común encontrar grandes pilas de cables quemados y pelados, producto del descarte tras el robo de metales, lo que evidencia que la zona es tierra de nadie durante las noches.
La situación de higiene urbana en la capital puntana ha llegado a un punto crítico bajo la administración de Gastón Hissa. Lo que antes podía considerarse un problema de los barrios alejados, hoy es una realidad que golpea a toda la ciudad: ni el centro ni la periferia se encuentran limpios, dejando a los vecinos con una pregunta recurrente: ¿Qué hace la municipalidad mientras San Luis se convierte en un basural?.
