La capital de San Luis atraviesa una crisis de infraestructura que ya no se puede ocultar con anuncios publicitarios. Las imágenes que circulan del corralón municipal son vergonzosas: camiones recolectores y contenedores rodeados de agua estancada, transformando el lugar en un verdadero pantano que impide el normal funcionamiento del servicio. Mientras el intendente Gastón Hissa intenta desviar la atención, los vecinos de los barrios sufren las consecuencias de una ciudad que parece retroceder décadas en su gestión de residuos y mantenimiento. No se trata solo de la lluvia, sino de una falta de inversión estructural que ha dejado a la recolección de basura al borde del colapso, obligando a los trabajadores a maniobrar en condiciones insalubres.
