Un hedor insoportable y un paisaje de pesadilla se apoderan de las calles de San Luis. Los vecinos denuncian que lo que una vez fueron arterias transitables, hoy son ríos de desechos cloacales, un foco de infección que transforma la ciudad en una cloaca a cielo abierto. Para los habitantes, este desastre sanitario y ambiental tendría una causa clara: la inacción y el abandono de la Municipalidad.
Los sanluiseños se ahogan en sus propios reclamos. El desborde de cloacas se ha vuelto una constante, una escena de terror que amenaza la salud de niños, abuelos y familias enteras. Mientras el riesgo de enfermedades se eleva, los pedidos de ayuda a la Municipalidad, según los propios vecinos, han caído en un vacío burocrático, en un laberinto de promesas rotas y oídos sordos. La falta de respuesta es, a sus ojos, una muestra de negligencia inaceptable.
La situación, según las quejas de la comunidad, no es un accidente. Es el resultado de la falta de inversión y de una gestión que no ha estado a la altura del problema. Los vecinos, cansados de vivir entre la pestilencia, exigen un cambio urgente en la forma en que se maneja la crisis. Para ellos, no es solo un problema de infraestructura, sino de la falta de respuesta a la dignidad de una ciudad que, como dicen, parece estar pudriéndose junto con sus cloacas.
