La visita de la funcionaria nacional Felicitas Beccar Varela junto al Ministro Gonzalo Amondarain dejó un sabor amargo en la comunidad. Mientras celebraban la llegada de financiamiento para talleres y planes de reinserción de exconvictos, la realidad en los barrios de San Luis cuenta otra historia.
- El contraste que duele: El Estado garantiza comida y capacitación para quienes están en la cárcel, pero se olvida de las familias que sobreviven con ollas populares y changas.
- El reclamo de la calle: Los ciudadanos que «la pelean» de forma honesta se sienten ciudadanos de segunda. No hay planes de empleo equivalentes para quienes nunca cometieron un delito.
- Tensión en aumento: La indignación estalló en las redes cuestionando por qué el esfuerzo oficial se enfoca en quienes salieron del sistema por voluntad propia y no en quienes sostienen el sistema con su esfuerzo diario.
