Lo que debería ser un trayecto corto de apenas 2.000 metros se ha convertido en una pesadilla para las familias de Pozo del Molle. Tras las últimas lluvias, el camino vecinal quedó completamente intransitable, dejando a los vecinos atrapados y sin respuestas por parte de las autoridades provinciales.
Cansados de esperar una solución que no llega, los propios habitantes de la zona intentaron arreglar la calle por su cuenta. «Rellenamos con piedras y arena, cubrimos los pozos a mano», explicaron, reflejando el estado de abandono en el que se encuentran. A pesar de los constantes mensajes y pedidos de ayuda, el Gobierno Provincial mantiene un silencio que indigna a la comunidad.
La situación es crítica: hoy, ante cualquier urgencia médica o necesidad de traslado, es imposible salir del lugar sin contratar un servicio especial o contar con un vehículo de tracción pesada. «Es una vergüenza y una impotencia no poder salir cuando se necesita», denuncian los vecinos, quienes ven cómo su derecho a circular libremente desaparece bajo el agua cada vez que el clima empeora.
El malestar aumenta al comparar la gestión vial en otros ámbitos. Los afectados exigen que el Estado trabaje con el mismo compromiso y tecnología que utiliza cuando se preparan rutas para el Rally. Piden personal capacitado que sepa realizar arreglos duraderos, adaptados a las necesidades reales de cada calle, para que el barro deje de ser una barrera entre ellos y el resto de la provincia.
