La inseguridad en la capital puntana ha llegado a un punto donde el Estado parece haber claudicado sus funciones más básicas. Mientras el Ministerio de Seguridad mantiene un silencio preocupante, son los propios ciudadanos quienes, arriesgando su integridad, deben salir a patrullar y realizar tareas de inteligencia para recuperar sus pertenencias. El caso más reciente en el Barrio Madereros del Sur es la prueba irrefutable de un sistema que no protege a nadie.
Un vecino de la zona sur, harto de la impunidad, logró localizar por sus propios medios una tanda de postes de madera nuevos que le habían sido sustraídos. En un video que él mismo grabó para dejar constancia de la desidia, muestra cómo sus materiales terminaron en una construcción cercana. «Ya estamos cansados los vecinos con esta mugre», sentenció el damnificado, exponiendo un sentimiento de abandono que se replica en cada rincón de la ciudad.
La pregunta que recorre las calles de San Luis es una sola: ¿Qué hace el Ministerio de Seguridad con los recursos de los contribuyentes? Mientras el organismo se ausenta de los barrios periféricos, los delincuentes operan con un descaro total, acopiando lo robado a plena luz del día y a la vista de todos. La falta de patrullaje preventivo y la nula respuesta ante las denuncias han convertido a barrios como Madereros del Sur en «zonas liberadas» donde el delincuente manda y el trabajador pierde.
Este hallazgo ciudadano no es un éxito policial, es el fracaso rotundo de una gestión que obliga a las víctimas a enfrentarse cara a cara con quienes los asaltan. El Ministerio de Seguridad no puede seguir mirando hacia otro lado mientras los vecinos de San Luis hacen el trabajo que les corresponde a las fuerzas de seguridad.
