Mientras las cifras (escondidas) estallan, la Ministra de San Luis insiste en que «no hay más delitos» y se saca selfies con la droga incautada. ¿La inseguridad es una sensación… o una burla?
El «cambio» prometido en San Luis parece ser, en materia de seguridad, una mera mudanza de escenografía. El gobierno provincial enfrenta una ola creciente de hechos delictivos que la ciudadanía sufre a diario, pero la respuesta oficial es, cuanto menos, irritante. La ministra de Seguridad, Nancy Sosa, lejos de reconocer la crisis, ha insistido en el relato negacionista: «no hay más o menos delitos», o que la inseguridad es, simplemente, una «sensación».
Esta negación de la realidad es el pilar de una estrategia que tiene más de marketing que de política criminal.
La verdadera inversión del Ministerio de Seguridad no parece estar en la inteligencia criminal ni en la prevención, sino en el circo mediático de la lucha contra el narcotráfico. Cada tanto, somos testigos de una superproducción policial: el allanamiento de turno.
La ministra Sosa se presenta como la protagonista de estas «victorias», culminando la función con la foto obligatoria: sonriente y con gesto triunfal, posando junto a la montaña de droga incautada.
Parece que, para el Ministerio, combatir el narcotráfico se resume en conseguir una buena fotografía para redes sociales. El mensaje es hipócrita: “Miren, hemos incautado unos cuantos kilos. Problema resuelto, vayan a dormir tranquilos. Lo demás, es una sensación suya”.
El sarcasmo se rompe al mirar la realidad de los barrios. Mientras la ministra se lleva los likes por su performance en el allanamiento, las bandas narco reponen esa mercancía en cuestión de horas. Los grandes capos, las rutas de la droga y las redes de corrupción que permiten el tráfico a gran escala siguen intactas.
El foco está en el show del eslabón débil en lugar de desmantelar la estructura que realmente importa. La verdad es que el narcomenudeo satura los barrios, los hechos delictivos se multiplican (aunque las cifras se escondan) y el delincuente común actúa con una impunidad que solo se explica por la ausencia de una política de seguridad seria.
Al final del día, mientras Nancy Sosa presume de su galería de fotos incautadas, la sociedad sanluiseña sigue prisionera, víctima de una inseguridad que, lejos de ser una «sensación», es una trágica realidad cotidiana ignorada por los funcionarios que nos gobiernan.
