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¡LA GRAN ESTAFA! La Farsa Anti-Casta y el Misterio de Quién Manda en el Gobierno

El grito de «¡Afuera la casta!» resonó en cada rincón del país, prometiendo una nueva era de la política. Sin embargo, a tan solo un año y medio de haber asumido, el gobierno ha demostrado que su lema es, en realidad, la gran estafa. La misma administración que se jactaba de ser diferente ha terminado por reclutar a la élite del poder de siempre, dejando a la vista una incómoda pregunta: ¿Quién gobierna realmente este país?

La primera gran estafa es la composición del gabinete. Quienes prometieron no ser «lo mismo de siempre» han llenado sus filas con nombres que suenan a pasado. No se puede naturalizar la presencia de «5 Menem, 2 Caputo, una Bullrich y un Sturzenegger», como si fueran nuevas caras en el ajedrez político. Más casta, y de la más rancia, no se consigue. Es un descarado acto de hipocresía que desnuda la contradicción entre el discurso de campaña y la cruda realidad del poder.

La segunda estafa es la renuncia del presidente a la gestión política. Se ha instalado la idea de que el manejo de la política no es una función del primer mandatario, un argumento que no solo es insólito, sino que demuestra una grave omisión de sus deberes. Un presidente debe liderar, negociar y articular consensos; no es una figura decorativa. El presidente está incumpliendo sus deberes de funcionario público, sus deberes de presidente, al delegar en otros lo que la Constitución le exige a él.

Y la estafa final, la más preocupante, es el rol de Karina. Mientras el presidente se distancia de las funciones políticas, la sombra de su hermana parece ser la que toma las decisiones de fondo. Es un misterio que genera una pregunta central para la salud de nuestra democracia: ¿quién votó a Karina? Su poder no emana de las urnas, no tiene legitimidad popular, y, sin embargo, parece ser la verdadera jefa de gobierno. La promesa de una nueva política ha terminado en un juego de poder opaco, donde el votante es el gran perdedor y el verdadero mando reside en las manos de una figura que nadie eligió.

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