Este jueves los padres ingresaron al establecimiento exigiendo explicaciones. Alumnos del Colegio Secundario “Luisa Fantini de Cortés Aparicio” manifestaron desmayos, dolores abdominales, dificultades para respirar, crisis de llanto y angustia el miércoles. Sospechan de las viandas del PANE o de una posible fuga de gas en el establecimiento educativo.
Una tensa situación se vive en la localidad de Buena Esperanza tras una grave emergencia sanitaria que afectó a unos 30 estudiantes del Colegio Secundario “Luisa Fantini de Cortés Aparicio”. El miércoles por la mañana, alumnos de entre 12 y 16 años sufrieron desmayos, dolores abdominales, dificultades para respirar, crisis de llanto y angustia tras consumir un desayuno compuesto por té y pan con queso. Las hipótesis principales apuntan a una intoxicación alimentaria o a una posible fuga de gas, aunque las autoridades aún no han brindado explicaciones claras. Este jueves a la mañana los padres ingresaron al establecimiento para pedir respuestas.
El caos se desató en la institución cuando los síntomas de los chicos se manifestaron de forma simultánea, desbordando al hospital local. Muchos padres tuvieron que trasladar a sus hijos en vehículos particulares para recibir atención médica. Algunos estudiantes permanecen internados, mientras la incertidumbre y el enojo crecen entre las familias.
El jueves a primera hora decenas de padres se congregaron frente a la escuela exigiendo respuestas. Lograron ingresar al establecimiento. Los familiares criticaron el silencio del Ministerio de Educación y la falta de un informe oficial, así como la ausencia de certificados que acrediten controles recientes del sistema de gas o la potabilidad del agua en el colegio.
Verónica, madre de dos estudiantes, relató el pánico vivido el miércoles: “Fue un caos. Llegué y seguían sacando chicos desmayados. Mi hija estaba muy angustiada, pero gracias a Dios no le pasó nada”. Otros padres recordaron que la semana pasada se registraron incidentes similares, aunque de menor magnitud, lo que aumenta las sospechas sobre problemas estructurales o de gestión en la escuela.
La indignación se intensificó por las explicaciones informales e insuficientes del colegio, que atribuyeron los desmayos al “miedo” de los alumnos por exámenes trimestrales o a la ingesta de una bebida contaminada por los propios estudiantes.

