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El Rally de la Vergüenza: Cuando la «Buena Organización» del Gobierno Se Convierte en Papelón

Lo que se promocionó como un evento de orgullo provincial se ha transformado en un bochornoso espectáculo que deja en evidencia la caótica organización del gobierno. El reciente Rally de San Luis, una competencia que debería haber sido una fiesta para el deporte local, se ha convertido en el claro ejemplo de cómo la incompetencia oficial puede arruinar una victoria.

La farsa comenzó en los medios oficiales. Tras la primera etapa, el relato era un canto de victoria: «Baldoni lidera el Rally de San Luis» titulaban con bombos y platillos, celebrando que el piloto puntano ganaba la mayoría de los tramos y se escapaba en la punta. La historia era perfecta: el héroe local, en su tierra, rumbo a la gloria.

Pero la realidad, como siempre, tiene la última palabra. La celebración se desmoronó al conocerse el verdadero desenlace: Miguel Baldoni, el mismo piloto que los medios oficiales aclamaban como líder, fue penalizado con 1 minuto y 10 segundos, un castigo que le costó el triunfo. La causa, según otro medio, fueron «errores cometidos por Baldoni durante los enlaces», atribuidos irónicamente a su propio «conocimiento del terreno».

La pregunta es inevitable: ¿quién es el verdadero responsable de esta debacle? Si la organización del rally hubiera sido impecable, con reglas claras y supervisiones adecuadas, un error tan elemental no habría pasado desapercibido hasta el final de la competencia, generando un cierre tan polémico. El gobierno, que controla la infraestructura y los permisos, es el primer responsable de garantizar que un evento de esta magnitud se desarrolle sin controversias.

Mientras Baldoni se consuela en redes sociales diciendo que «Ganamos en el camino… pero una penalización que NO compartimos por una situación de la que NO somos responsables nos deja sin una merecida victoria», la gente ya no compra el relato. La mala organización no fue solo una penalización en un cronómetro; fue una mancha en el prestigio de la provincia, que demostró una vez más que el camino hacia el triunfo está lleno de baches cuando el que lo gestiona no sabe por dónde va.

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