Mientras los casos en Argentina crecieron un 20,5% en 2025, la provincia se consolida como una de las jurisdicciones con mayor tasa de contagios. La ausencia de campañas de prevención profundiza una crisis que afecta mayoritariamente a los jóvenes.
Los datos del último Boletín Epidemiológico Nacional han puesto de manifiesto una realidad que la gestión sanitaria provincial parece querer ignorar: San Luis se mantiene entre las jurisdicciones con mayor incidencia de sífilis en la Argentina. A pesar de ser una enfermedad de fácil diagnóstico y tratamiento, la bacteria Treponema pallidum avanza sin freno en el territorio puntano.
Según los reportes oficiales de 2025, el 76% de los nuevos contagios se concentran en la franja etaria de los 15 a 39 años. Los especialistas advierten que la falta de síntomas evidentes en las primeras etapas facilita que la bacteria siga circulando, impactando incluso en un incremento de casos de sífilis congénita, una consecuencia evitable que pone en riesgo la vida de los recién nacidos.
Lo que más alarma a la comunidad médica y a la opinión pública no es solo la presencia de la bacteria, sino la parálisis comunicacional del Ministerio de Salud de San Luis. En un contexto donde el uso del preservativo ha caído drásticamente —donde apenas un 13% de los jóvenes asegura usarlo de forma habitual—, la ausencia de campañas de prevención en la vía pública, medios tradicionales y redes sociales es total.
La gestión actual parece haber abandonado la educación sexual integral y la comunicación de riesgo. Mientras otras provincias refuerzan sus operativos territoriales y mensajes de concientización para frenar la escalada nacional del 20,5%, en San Luis el silencio oficial es la norma.
«La salud pública exige políticas activas que eviten que el ciudadano llegue a la guardia», señalan expertos del sector.
Disponer de penicilina en los hospitales es una obligación, pero no es suficiente. La falta de inversión en prevención y educación se percibe como una irresponsabilidad administrativa que deja a los jóvenes puntanos desprotegidos ante una enfermedad que debería estar bajo control.
La pregunta que resuena en los centros de salud es clara: ¿Cuántos récords más deben romperse para que el Ministerio de Salud provincial reaccione y asuma su rol educativo?
