El estadio vacío en el choque entre Independiente Rivadavia y Estudiantes desnudó las falencias de la Secretaría de Deportes. Bajo la conducción de Fernanda Sosa, la falta de difusión y planificación convirtió una fiesta nacional en un escenario desolador para Villa Mercedes.
Ni el prestigio de la Copa Argentina ni el acceso gratuito fueron suficientes para salvar una jornada que quedará marcada como el punto más bajo de la gestión deportiva provincial. Con apenas 2.000 personas en las tribunas, la imagen de La Pedrera vacía recorrió el país a través de las redes sociales, dejando una pregunta incómoda en el aire: ¿Cómo se puede gestionar tan mal un recurso de semejante magnitud?
El evento, que debía funcionar como motor turístico y vidriera de la ciudad, falló en su objetivo básico de atraer público. La responsabilidad recae directamente sobre la conducción de Fernanda Sosa, cuya estrategia de difusión fue, a todas luces, inexistente. Esta incapacidad de convocatoria, evidenciada en el hecho de que las entradas gratuitas sobraran, es el síntoma de una gestión desconectada de la comunidad y carente de visión profesional.
En una competencia televisada a nivel nacional, la postal de un estadio desierto daña seriamente la reputación de San Luis como sede de élite. La improvisación en la organización previa derivó en un desinterés generalizado que ni siquiera el fútbol de primera división pudo romper. La Pedrera fue proyectada para grandes desafíos, pero hoy parece quedar demasiado grande para una administración que no logra generar contenido ni atraer visitantes.
Esta política de puertas cerradas y falta de planificación estratégica está transformando al polo deportivo en un monumento a la ineficiencia. Mientras otras provincias logran récords de asistencia en el mismo torneo, San Luis se queda con las gradas vacías y las críticas de los comerciantes locales, quienes ven cómo se desperdicia una oportunidad de oro para reactivar el turismo regional.

