En el universo paralelo del Ministerio de Turismo y Cultura de San Luis, las calculadoras han sido reemplazadas por el optimismo. El ministro Juan Álvarez Pinto ha inaugurado la temporada 2026 con una curiosa estrategia de transparencia: asegurar que los resultados son «mejores que en 2025» sin poder aportar un solo número que lo respalde.
Consultado sobre la ocupación hotelera real, el ministro se limitó a calificarla como «muy alta». Sin embargo, ante la insistencia de la prensa por obtener un porcentaje o un número de plazas —datos básicos de cualquier gestión—, la respuesta fue el silencio.
Para Álvarez Pinto, el turismo se ha transformado en un dogma: los porcentajes son «importantes», pero secretos. Al parecer, la transparencia es tratada como una amenaza al clima de fiesta que solo el Gobierno parece percibir en sus oficinas.
La desmemoria oficial se volvió crónica al tocar el bolsillo de los puntanos. El ministro reconoció que las contrataciones de Marley, de influencers y la campaña con Eugenia Quevedo demandaron fondos públicos, pero —curiosamente— no tiene idea de cuánto.
«Hoy, si vos me decís específicamente, no lo tengo», confesó el funcionario sobre el gasto de las campañas.
Es una situación envidiable: el Ministerio gasta recursos provinciales en figuras mediáticas, pero el responsable de la cartera no lleva la cuenta. Para el Gobierno, el dinero público no es un gasto, es una «inversión» de la que nadie conoce el monto, el retorno, ni el beneficio real para un sector hotelero que, fuera de los comunicados oficiales, languidece.
Mientras el discurso oficial se infla con «expectativas», el informe de la organización Fundar pinchó el globo. Según el relevamiento nacional, San Luis no solo no está entre las favoritas, sino que apenas capta el 1,5% del turismo total del país. Ubicada en un preocupante puesto 13, la provincia mira de lejos a los destinos que realmente mueven la aguja.
La gestión parece haber adoptado la «Doctrina del Optimismo Ciego»: si la gente no elige San Luis, la culpa no es de la falta de infraestructura o de políticas erradas, sino de que todavía no hemos contratado a suficientes youtubers. Omitir los números siempre será más fácil que cambiarlos.
