La inoperancia oficial es total. Mientras el Ministerio retira las bicicletas de las calles, los delincuentes motorizados se adueñan del centro. «La Policía sabe quiénes son, pero no tienen herramientas», denuncian vecinos hartos.
La capital puntana ha dejado de ser una ciudad segura para convertirse en el escenario de un experimento peligroso llevado a cabo por el Ministerio de Seguridad. En una muestra de inoperancia administrativa sin precedentes, la gestión actual ha decidido quitarle las herramientas básicas a la fuerza policial, dejando a los efectivos de a pie frente a una delincuencia que viaja a motor.
El pasado sábado, en la estratégica esquina de Rivadavia y Pedernera, el sistema de seguridad puntano mostró su peor cara. Un joven vio cómo le robaban su motocicleta frente a sus propios ojos entre las 20 y las 21 hs. A pesar de estar en pleno microcentro, la falta de patrullaje ágil permitió que el delincuente se esfumara en segundos.
«Nos tienen cansadas. Todos los días luchamos para salir adelante y una y otra vez se meten con nuestro trabajo», sentenció una comerciante de la zona. Su testimonio es una estocada a los funcionarios de escritorio: “La policía sabe quiénes son”. Si los efectivos conocen a los delincuentes, pero no tienen móviles para interceptarlos, la responsabilidad cae directamente sobre el despacho del Ministro.
La decisión del Ministerio de Seguridad de desactivar la Bicipolicía para enviar a los agentes a caminar es, a esta altura, una burla para el contribuyente. Mientras el delito se profesionaliza y utiliza la velocidad como arma, el Ministerio responde quitando las ruedas a sus propios agentes.
Esta falta de herramientas no es casualidad, es inoperancia pura. Guardar las bicicletas en depósitos mientras las motos de los vecinos desaparecen de las veredas es la prueba de que en Terrazas del Portezuelo se vive una realidad paralela.
