Los tres gobiernos liberales se destacaron por los montos récord de sus deudas y sus consecuencias directas en la vida diaria de los argentinos: Carlos Menem, Mauricio Macri y Javier Milei.
1. El ‘Efecto Champagne’ de Menem (1989-1999)
Durante la década de 1990, bajo la Convertibilidad (un peso igual a un dólar), el gobierno de Carlos Menem utilizó la deuda para sostener el plan económico y evitar que el país se quedara sin reservas. Para ello, se tomó una inmensa cantidad de préstamos para mantener la paridad artificial y financiar el gasto público y la importación de productos.
- La Hipoteca: El endeudamiento creció más del 120% en su gestión, pasando de ser una preocupación a una catástrofe silenciosa.
2. El Regreso del FMI con Macri (2015-2019)
El gobierno de Mauricio Macri es recordado por la velocidad y el tamaño del endeudamiento, especialmente con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
- El Acreedor: En 2018, Argentina tomó el préstamo más grande en la historia del FMI: unos USD $57.000 millones. Este préstamo fue, según los críticos, utilizado principalmente para financiar la fuga de capitales y el pago de deuda anterior.
3. La Deuda Creciente de Milei (2023 – Actualidad)
A pesar de haber asumido con la promesa de no endeudarse y alcanzar el «déficit cero», la gestión de Javier Milei se ubica rápidamente en el debate sobre los mayores endeudadores en términos de aumento de pasivos en un corto tiempo, aunque con una composición distinta.
- El Mecanismo: El gobierno se ha endeudado fuertemente con deuda en pesos (instrumentos como las Lecap) para resolver grandes pasivos que heredó y para cubrir el déficit cuasifiscal (del Banco Central). Además, busca activamente el apoyo de organismos multilaterales.
En resumen: Cada uno de estos gobiernos, con sus propias recetas económicas, utilizó la deuda como una solución rápida a problemas profundos. Menem lo hizo para sostener el 1 a 1; Macri, para financiar la apertura a los mercados y devolver deuda; y Milei, para reestructurar pasivos y estabilizar las cuentas. El resultado final, sin embargo, es una carga cada vez más pesada para los argentinos del futuro, que son quienes terminarán pagando los intereses de estos movimientos financieros.
