Una vida de pelea, coraje y orgullo argentino.
No fue solo una boxeadora. Fue un símbolo.
De esfuerzo. De barrio. De mujeres que rompen moldes.
De esas que se ganan todo con los puños, pero también con el corazón.
“A mí nadie me regaló nada. Todo me lo gané con el alma.”
“Nunca me importó si era difícil. Me importó no rendirme.”
Su historia inspiró a miles.
Y su ejemplo va a seguir, en cada piba que se para de manos frente a un mundo que le dice “no podés”.
La despedimos con dolor, pero también con orgullo.
Hasta siempre, campeona. Gracias por enseñarnos a pelearla siempre.
