El Concejo Deliberante de la Ciudad de San Luis está bajo el ojo de la tormenta. La principal crítica que formulan los vecinos es su evidente falta de acción y la preocupante inercia en el tratamiento de temas que verdaderamente importan a la comunidad. Lejos de ser un órgano dinámico que impulse soluciones, parece estar sumido en una parálisis legislativa que ya se ha vuelto una constante.
La situación se repite semana tras semana: las sesiones transcurren sin que se apruebe una sola ordenanza de relevancia que impacte de lleno en la vida de los vecinos. En cambio, el tiempo y el esfuerzo se dedican a declaraciones de interés, que, si bien pueden ser gestos simbólicos para algunas instituciones, no resuelven ni de cerca las problemáticas apremiantes de la ciudad.
Esta inacción es alarmante. Con miles de temas pendientes en los barrios, desde la mejora de servicios hasta la necesidad de normativas actualizadas que aborden desafíos urbanos, la ciudadanía espera respuestas y soluciones concretas. Sin embargo, el Concejo Deliberante parece haber perdido el rumbo de su función primordial: legislar para el bienestar de la comunidad. La falta de una agenda legislativa robusta y enfocada en las prioridades de San Luis es una deuda pendiente que genera cada vez más frustración entre los vecinos.
